FILOSOFIAFEROZ

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APUNTES DE FILÓSOFOS IMPRESCINDIBLES

martes, 26 de mayo de 2020

Éric Sadin: “Debemos hacer frente a los evangelistas de Silicon Valley”

El filósofo francés alerta en La silicolonización del mundo de los intereses de las grandes empresas tecnológicas y sus efectos en la sociedad

La silicolonización del mundo | Revista Cabal
Silicon Valley como “cura de rejuvenecimiento del capitalismo”, como modelo inspirador de una nueva fiebre del oro planetaria, con múltiples intentos de réplica en todo el mundo que parten de una mezcla de “resentimiento y admiración absorta” y la pretensión de “igualar al amo o incluso superarlo”. ¿Cómo llegó el Valle de Santa Clara, al sur de la Bahía de San Francisco, a convertirse en el epicentro de las grandes decisiones tecnológicas que marcarán el futuro inmediato de la humanidad? El filósofo francés Éric Sadin (París, 1972), que lleva una década analizando con una postura crítica los efectos de los avances tecnológicos en la sociedad, ha visitado España para presentar La silicolonización del mundo, ensayo que publicó en 2016 y que ahora traduce al español la editorial Caja Negra.
“Buenos Aires quiere ser la Silicon Valley de América del Sur. También Santiago de Chile y São Paulo. Incluso dentro de Estados Unidos, Boston quiere ser el nuevo Silicon Valley y Miami quiere ser la Silicon Beach”, enumera Sadin por citar solo algunos ejemplos. ¿Y en Francia? “Ah, por favor, no me hagas hablar de La French Tech”, suplica el autor de libros como Vigilancia globalLa sociedad de la anticipaciónLa humanidad aumentada y La vida algorítmica y de artículos para Le MondeLibérationLes Inrockuptibles y Die Zeit.Pero nuestra conversación con Sadin no comienza por aquí. Al filósofo francés le preocupa que sus teorías sean malinterpretadas o simplificadas en exceso, por eso dedica los primeros veinte minutos de su entrevista con El Cultural a “sentar las bases” de la conversación, es decir, a resumir minuciosamente el contenido del libro.
Sadin no habla de tecnología o de economía, sino de “tecnoeconomía”, porque considera que hoy la primera se ha sometido a la segunda. “Hasta hace poco el mundo tecnocientífico tenía autonomía, había una pluralidad en la investigación con intereses diversos. Pero hoy la técnica está estrictamente determinada para dar respuesta a intereses financieros cada vez más importantes. Por tanto los caminos de la investigación ya están trazados de antemano, quitándonos la capacidad de construir las cosas de otra manera”, asegura el filósofo.
Desde los años noventa vivimos en lo que Sadin denomina la edad del acceso, que ha permitido que un número cada vez mayor de personas puedan comunicarse y acceder a la información a costes cada vez menores. Pero desde 2010 aproximadamente ha comenzado en paralelo otra etapa: la edad de la medición de la vida, caracterizada por la extensión de los sensores en muchos objetos y ámbitos de la vida cotidiana y de sistemas de inteligencia artificial que analizan la ingente cantidad de datos que aquellos producen.
La industria 4.0 persigue la optimización extrema, convirtiendo a los humanos en robots de carne y hueso»
Esto, según Sadin, provoca un doble fenómeno. Por una parte, “la mercantilización de la vida, la capacidad de las grandes empresas del mundo digital para acompañarnos continuamente y orientar nuestros gesto con el objetivo principal de incentivar acciones comerciales”. Por la otra, “la organización algorítmica de las sociedades”, ya que en la industria 4.0 esta conjunción de sensores e inteligencia artificial, que está presente en todas las fases del proceso productivo, persigue la “optimización extrema” del rendimiento de los trabajadores, “convirtiendo a los humanos en robots de carne y hueso”. Este es precisamente el tema principal de su último libro, La inteligencia artificial o el desafío del siglo. Anatomía de un antihumanismo radical (editorial L'échappée), que sale a la venta en francés la próxima semana.
Pregunta.- Por ahora es hasta cierto punto posible mantenerse al margen de esta “mercantilización de la vida” que denuncia usted. Pero ¿qué ocurrirá cuando los sensores y la inteligencia artificial estén por todas partes? ¿Resistirse será una condena a la marginación?
Respuesta.- Antes que resistencia, yo hablaría de divergencia. Es decir, en qué medida podemos imaginar y hace posible otros modelos de existencia, individuales y también colectivos, que no estén basados únicamente en un tecnoliberalismo que quiere siempre orientar nuestras existencias y que tiene una visión higienista de la sociedad. Para que esto fuera posible deberíamos desconfiar de lo que yo llamo tecnodiscursos, promovidos por las industrias, las instituciones educativas, los think tanks, y los responsables políticos que están convencidos de que ese modelo económico es la única solución para responder a una necesidad imperativa de crecimiento. Y para ello es una cuestión fundamental, como decía George Orwell, la higiene del lenguaje, recuperar la precisión e identificar las cosas con detalle, que es lo que trato de hacer con mis libros.
»Por tanto, antes que aceptar los discursos tal y como nos vienen, debemos hacer frente a la nueva raza de los expertos, de los evangelistas de Silicon Valley, a los que se paga muy bien por llevar “la palabra” a Bruselas, a Macron, a la Casa Blanca, y que aseguran que todo tiene que someterse a la transformación digital, como si estuviera escrito. ¿Podemos hacernos la pregunta? ¿Podemos al menos tomarnos el tiempo de reflexionar con todas las partes concernidas? Le doy un ejemplo: el Ministerio de Educación Nacional francés, durante el mandato de Hollande (que se supone un régimen de izquierdas, aunque en realidad es socioliberal), firmó un acuerdo de colaboración con Microsoft, pero Microsoft no debería tener ninguna competencia en nuestro sistema educativo. Ese es el resultado del lobbying, de los evangelistas de Silicon Valley y de los políticos que se someten a ellos.
La filosofía seria debe ir a los laboratorios y conocer la historia de la tecnología, no describir los fenómenos en una sola frase»
P.- Ahora que las máquinas van a estar cada vez más capacitadas para tomar decisiones autónomas, ¿cree que la filosofía puede alzarse como una disciplina cada vez más necesaria?
R.- Me gustaría decir sí y no. Sí, si se hace con seriedad, no como el historiador Yuval Noah Harari, que se ha convertido en una estrella en dos años y ahora se dice experto en inteligencia artificial, lanzando frases definitivas y tres fórmulas que todo el mundo acepta. La filosofía seria consiste en ir a los laboratorios, conocer un poco la historia de la tecnología, no describir los fenómenos en una sola frase o en cincuenta líneas. Sí, debe haber una atención minuciosa hacia lo que está ocurriendo, y ahí existe un campo de investigación teórico que responde a los desafíos mayores de nuestro tiempo, sobre todo en el mundo tecnocientífico, que ha vendido su alma. Pero cuando un buen investigador o un buen programador recibe grandes cantidades de dinero de Google o del sector de la inteligencia artificial es difícil posicionarse de forma crítica. Pero más allá del mundo científico, debe ser la sociedad entera la que preste atención a estas cuestiones. Sería trágico que solo lo hicieran los filósofos.
»Por otra parte, el único motivo de vigilancia no debe ser la privacidad de los datos personales. El principio liberal de libertad se basa hoy solo en la protección de la libertad personal, lo que Isaiah Berlin denominó libertad negativa. Por eso pensamos que con el nuevo reglamento europeo para la protección de datos que se aprobó en mayo todos nuestros problemas están resueltos. Pero hay cosas al menos tan importantes como poder navegar por la web sin que se colecten mis datos. Es el momento de que la sociedad mida la amplitud de lo que está en juego, porque la organización de la sociedad que se está imponiendo ahora durará muchísimos años y tenemos que decidir si dejamos que eso suceda o no.
P.- Si volviéramos atrás en el tiempo, al momento seminal de Silicon Valley, y pudiera apretar un gran botón rojo para detener su eclosión, ¿lo haría?
R.- [Tras pensar unos segundos] No. No se trata de eso, es un asunto de pluralidad. El drama de la investigación tecnocientífica es que ha tomado un camino único.
entrevista de Fernando Díaz de Quijano

sábado, 4 de enero de 2020

LEON ROZITCHNER

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Lejos del ruido de las avenidas y la academia universitaria, el doctor en filosofía León Rozitchner reflexiona desde su estudio silencioso en Belgrano. Ironías y certezas surgen de esta conversación en la que destaca algunos logros de la filosofía local y en la que tambien dice que no hay filosofía argentina.
-¿Existe hoy en la Argentina una filosofía o un pensamiento que se entienda como crítico?
-Bueno, más que filósofos pienso que hay profesores de filosofía dedicados al estudio de historia de la filosofía y a la descripción de sus sistemas. Y hay un relativo espíritu crítico pero me parece muy poco como aporte. Creo que la filosofía se reduce solamente, o en gran parte, al saber que se elabora en la universidad, y que no trasciende mucho ese ámbito, salvo en algunas revistas. Podemos pensar en "El ojo mocho", en "Confines" o en "El Rodaballo". Esos son los ámbitos en los que se desarrolla la crítica filosófica. Pero hay jóvenes que prometen romper ese círculo.
-¿Es en estos grupos desperdigados donde funcionan hoy las usinas del pensamiento?
-Es un poco difícil hablar de usinas de pensamiento porque para eso tendría que haber una producción intensiva. Si no, no justifica la usina, no paga los gastos. La única que paga los gastos sería la facultad, que paga a los profesores por enseñar filosofía. Pero las usinas son ciertos grupos muy pequeños que se reúnen alrededor de revistas o núcleos de estudio, de amigos. Pienso en algún lugar en Córdoba, con Oscar Del Barco, Héctor Schmucler, que han formado escuela. En Corrientes hay un profesor internacionalmente conocido, un pensador crítico como es Joaquín Meabe, pero desconocido para el campo de la filosofía local y, sin embargo, muy reconocido afuera. Es un producto de exportación. Quizás el Congreso de Filosofía quiso ser un espacio en el cual esto pudiera integrarse, ¿no?
-¿Y qué repercusiones tuvo el Congreso? ¿En algún punto sirvió para algo? Lo cerró Cristina Kirchner, eso no pasa en un congreso de sociología o antropología...
-Pienso que esto formaba parte de un espacio que prolongó el Congreso de Filosofía que abrió Perón. Evidentemente los intereses políticos infiltran todos los espacios, y también éste. Pero lo que a mí me desagradó fue el hecho de hacer un Congreso de Filosofía en una provincia feudal que está entregando su patrimonio a empresas transnacionales, las grandes mineras, que pueden provocar, desde el punto de vista ecológico, un desastre. Son empresas que se llevan toda la ganancia afuera; exportan absolutamente todo sin producir nada. Ir a escuchar a los metafísicos hablar de filosofía en ese contexto... Pienso que alguna referencia se tendría que haber establecido entre el pensamiento puro y la pureza de los metales saqueados.
-¿Y cree que hay algún filósofo al que le pueda interesar conectar estas problemáticas con el pensamiento?
-Por ejemplo, Horacio González elabora y relaciona el ser filósofo con las alternativas de una circunstancia política. Eduardo Grüner, también se ocupa de estás relaciones. Pero no es lo común. Hay otros, también es cierto, los doy como ejemplos. La filosofía local pareciera que no tiene nada que ver con los temas que pertenecen a nuestra propia cultura. Habitualmente se piensa siempre desde la humillación de no haber sido educado como George Steiner, a quien su padre a los cinco años le leía Homero en griego para que sintiera la musicalidad del idioma. Aquí pareciera que el que no conoce bien griego, latín y alemán no puede pensar en serio. Imagínese cuáles son las condiciones humillantes que uno recibe desde el campo del saber. De alguna manera, los profesores que permanecen en la universidad son los prolongadores de esta modalidad; ellos conocen muy bien su latín y su griego tardío, se especializan, abarcan un espacio que es muy necesario. Pero eso sólo, si bien es necesario, no hace a un filósofo. Y nosotros no estamos autorizados a pensar mucho, porque no sabemos lo necesario para pensar en serio. Althusser, por ejemplo, se animó a decir: "'Yo no leí todo El Capital"... Esa fue una pequeña apertura con la que muchos se sintieron autorizados a sentir que podían pensar algo sin haberlo leído todo.
-¿Usted ha notado alguna producción interesante, en los últimos años en la carrera de filosofía de la UBA?
-Hablo desde afuera. Los profesores que allí abundan son muy eruditos, especializados en algún filósofo en particular. Pero la gente que entra diciendo 'aquí voy a desarrollar mis inquietudes filosóficas' siente que se le desvanecen en el aire esas expectativas; termina decepcionada y sale a estudiar por otro lado. Conozco a muchos. Es gente que entraba a la facultad buscando la libertad de pensar y allí no la encontraba. En ese sentido, creo que es un lugar bastante restringido, ¿no? Yo no creo que haya salido nadie actualmente que esté produciendo algo que llame la atención entre los que producen filosofía.
-Hace tiempo Tomás Abraham escribió un artículo que se llamaba “Los argentinos no tenemos filosofía, los yugoslavos tampoco". ¿Hay que esperar una filosofía argentina?
-Yo no hablo de una filosofía argentina. Cuando Agamben escribe, nadie habla de filosofía italiana. Hace filosofía. Aquí, o allá; no creo que haya que caracterizarla. ¿Es francesa la filosofía de Deleuze? No lo sé, es un filósofo que evidentemente tiene ciertas características, otro tipo de lenguaje, cierta aproximación a la realidad. Pero se encuentra también en otros lugares; Alemania; España. Eso formaba parte de una concepción distinta, donde una cultura elaboraba, de alguna manera, una filosofía particular diferente a todas las otras. Yo creo que todos colaboramos en la universalidad de un saber pero que requiere siempre de un punto de partida propio. Si lo que se quiere decir con eso es que hay que partir de un cierto lugar, es cierto. Tendría que haber filósofos en la Argentina, por ejemplo, que a partir de los desgarramientos y situaciones de la historia argentina, profundizaran hasta tal punto en la realidad humana para que su pensamiento pudiera adquirir validez y fuera un aporte universal. Pero entonces, deja de ser meramente argentino sin perder su arraigo originario.
-¿Ha habido una producción filosófica reciente que lo haya conmovido en particular?
-No. Y no es extraño. El capitalismo llamado ahora "tardío" -recién se dan cuenta- va hacia la destrucción de la Tierra arrastrada por la racionalidad cuantitativa del capital, que descalifica todo lo sensible y lo tritura: convierte a millones de personas en desperdicios humanos. No hay perspectivas, todo el futuro parece cerrado, todo el mundo vive al día, hasta el capital midiendo cotidianamente las ganancias, y se sorprende cuando hay una debacle o "falla" el mercado. También el pensar surge suscitado de abajo para arriba: cuando la sociedad no resiste, la filosofía no piensa. Creo que actualmente no hay pensamiento nuevo. Y todo lo que recibimos son elaboraciones muy eruditas, trabajadas, que solo resumen a los grandes pensadores, leen los interrogantes pero no producen respuestas.

Héctor Pavón
11- 8- 2007

    domingo, 6 de octubre de 2019

    PIETRO CHIODI, Filósofo y partisano

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    Filósofo y partisano. Fue el primero en traducir al italiano 'Ser y Tiempo' de Heidegger

    El 25 de julio de 1943, el Gran Consejo del Fascismo, a petición del rey Vittorio Emmanuele III, decidió (con diecinueve votos a favor, siete en contra y una abstención) destituir a Mussolini, que fue encarcelado. Pietro Badoglio asumió la presidencia de un gobierno militar que el 3 de septiembre firmó en secreto un armisticio con los aliados. Eisenhower y Badoglio hicieron público ese acuerdo, con poco más de una hora de diferencia, el 8 del mismo mes. Como sabemos, eso no supuso el fin de la guerra en territorio italiano, sino que esta adoptara otra forma más, la de enfrentamiento civil. El país quedó dividido en dos: en el norte, ocupado por los alemanes, nacería ese títere llamado República Socialista Italia (rsi), con un Mussolini liberado por los alemanes al frente; en el sur se establecería el gobierno de Badoglio, también títere, pero de los aliados.
    El anuncio del armisticio pilló por sorpresa a las fuerzas armadas italianas, que no tenían órdenes claras sobre cómo actuar. ¿Contra quién había que luchar ahora? Porque Badoglio nunca fue claro y jugó a los mensajes ambiguos: quería tener de su lado a los aliados, pero no romper del todo, por miedo a las represalias, con Hitler. Este, en cambio, no dudó en interpretar el anuncio como una traición al Reich y ordenó la invasión de Italia. El ejército se fragmentó: unos miembros regresaron a sus casas como civiles, no pocos fueron fusilados o llevados a campos de concentración, otros se unieron (o fueron obligados a unirse) a los nazis o se sumaron a la Resistencia como partisanos.

    La llamada letteratura della Resistenza cuenta con muchos textos que recogen, de manera más o menos ficcionalizada, la experiencia en la lucha partisana de sus autores. Podemos citar, por ejemplo, a Mario Bonfantini, Marcello Venturi o Italo Calvino. Bandidos, de Pietro Chiodi (1915-1970), que ha traducido Javier Brox Rodríguez para Prensas de la Universidad de Zaragoza (incluyendo un detallado estudio preliminar así como un minucioso glosario escritos por él), es otro ejemplo, salvo que en este caso se trata de documento histórico más que de literatura; más concretamente, de un diario. De hecho, ya en la primera edición del texto (de 1946), en la nota introductoria Chiodi advierte: “Este libro no es una novela ni una historia novelada. Es un documental histórico en el sentido de que los personajes, hechos y emociones han tenido efectivamente lugar. El autor asume toda la responsabilidad al respecto.”
    Profesor de Historia y Filosofía en un instituto de Alba antes y después de su actividad guerrillera como partisano, y posteriormente en las universidades de Lecce y Turín (donde terminaría obteniendo una cátedra de Filosofía Teórica), Pietro Chiodi fue uno de esos ciudadanos anónimos que ha pasado a formar parte de la Historia (con mayúscula). Aunque si no hubiera luchado como partisano y publicado su diario también habría sido recordado por sus estudios y traducciones de, entre otros, Heidegger, Kant o Weber. Y por aparecer, bajo el nombre de Monti, en Il partigiano Johnny del escritor y también partisano Beppe Fenoglio (quien fue alumno suyo y quiso así homenajearlo).
    El diario comienza en 1939 y termina en abril de 1945, tras la caída de Turín. Las entradas son breves y espaciadas al inicio, para hacerse más continuas y prolijas a medida que la lucha partisana se intensifica. En sus páginas el lector encontrará, como suele ser habitual en este tipo de testimonios, ejemplos de la brutalidad de los nazis. Aunque Chiodi deja entrever que algunos de ellos eran capaces de sentir piedad (como cuando un soldado de la Wehrmacht le da un trozo de pan con mermelada a uno de los presos que se amontonan en el tren que les lleva al campo de concentración de Bolzano) y que, en cierto modo, habían convertido en rutina inevitable la crueldad: el oficial alemán que supervisa el ahorcamiento de los más queridos camaradas de Chiodi dice, al terminar: “Maldita orden, maldito deber. No haber nada peor […] Y pensar que hace un año eran nuestros camaradas.”

    En julio de 1944 Chiodi comenzó a dirigir un grupo de Giustizia e Libertà, pero pocos días después fue detenido junto con varios de sus compañeros. Entre ellos estaba Leonardo Cocito, también profesor en el mismo instituto que Chiodi y el primero de los dos en unirse a la Resistencia. Es uno de los personajes que más claramente manifiesta su odio al fascismo, a menudo desde el humor: cuando un estudiante pide en la biblioteca los discursos de Mussolini, Cocito le dice “¿No has leído el reglamento? Dice que está prohibido dejar libros así de malos a los jóvenes.”

    Tras la detención, el grupo es conducido a la cárcel turinesa de Le Nuove, y de allí únicamente Chiodi es trasladado primero al campo de concentración de Bolzano y después a uno de trabajo en Innsbruck. Los amigos y compañeros que habían sido detenidos junto a él fueron ahorcados, aunque no lo sabrá hasta más adelante. Enfermo de reúma crónico, se ganó inmediatamente la simpatía del Lagerführer, que intentó que no le obligaran a realizar trabajos forzados. En un extraño golpe de suerte, Chiodi consiguió que le confundieran con uno de los trabajadores voluntarios que habían emigrado a territorio alemán antes de la guerra y que le dieran un permiso de repatriación por enfermedad. Avergonzado de su aspecto y escondiéndose en diversos trenes, regresó a Italia, donde retomó la lucha partisana hasta lograr la caída de Turín.
    En unas de las escenas, Chiodi le dice a un preso fascista: “En Italia no cabemos todos, o nosotros o vosotros.” Este diario retrata esa Italia ocupada y dividida. Lo hace de una manera que no llega a la asepsia, pero, salvo en contadas ocasiones, no hay sentimentalismo. Ahí reside su fuerza: los hechos en crudo son más potentes que las emociones verbalizadas.
    Decía W. G. Sebald en un poema que “El papel de escribir / huele / como la viruta / el ataúd.” Por las páginas de Bandidos la muerte es una constante, pero gracias a ellas tenemos otro testimonio de un capítulo fundamental de la Historia. ~

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    martes, 2 de julio de 2019

    Franca D´Agostini: engaños de la política y la religión

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    Tanto la filosofía como los debates públicos se han interesado por la mentira y la verdad, y así, por la posverdad. Anticipándose a este debate, la filósofa italiana Franca D’Agostini escribió en 2012 el esclarecedor libro Mentira (Adriana Hidalgo). Es profesora de Filosofía de la Ciencia en el Politecnico di Torino, y de Lógica y Epistemología de las Ciencias Sociales en la Università Statale di Milano. En diálogo telefónico y vía mail desarmó la idea de la mentira y explicó cómo se sostiene con forma de posverdad.
    –¿Qué ha ocurrido para que la verdad se haya transformado en objeto de debate público?
    –Porque vivimos en la época de la información. En el mundo se emiten millones y millones de bytes de información, de datos verdaderos, falsos, casi verdaderos, casi falsos, medias verdades y medias mentiras que circulan sin control. Es fácil engañar y es fácil manipular cada dato, incluso en el arte, la literatura, la filosofía, las creencias religiosas. Al mismo tiempo cada día emergen verdades escondidas, nuevas revelaciones, escándalos, descubrimientos. El concepto de verdad, del que ya no se hablaba más y que parecía interesante solamente para filósofos y religiosos, se encuentra en el centro de nuestros intereses.
    –Y si hablamos de verdad, ¿también debemos hablar de mentira?
    –Como todos los conceptos filosóficos el de verdad posee un uso prevalentemente crítico: deviene importante cuando sospechamos que alguien está mintiendo; o cuando sabemos que una cosa es verdad pero no es reconocida. Hablar de verdad implica hablar de mentira, del peligro del engaño. Y de otra parte, los chicos descubren la verdad después de haber entendido el fenómeno del engaño y del error.
    –¿La posverdad se volvió más importante que la verdad?
    –Se dice que vivimos en la época de la post-truth, la época en la que nadie se preocupa más de decir y de creer en lo que es cierto. No estoy segura que sea así. Diría más bien que vivimos en la época de la post-post-truth: una en la que todos nos interesamos en el problema de la verdad. Hasta hace algunas décadas, el interés público por lo verdadero y lo falso era nulo. Nadie hablaba de eso, y muchos pensaban que la vida política podía ignorar el problema. Pero reflexionar sobre la verdad es ya tener una. La verdad es siempre un juego, la trampa en la cual estamos atrapados, querramos o no.
    –¿Internet es el terreno ideal para la mentira, no?
    –Es ideal tanto para la verdad, el conocimiento como para el engaño, el autoengaño y el error. Internet es la democracia de la verdad y de la mentira. Podemos mentir, contradecir y enmascarar mentiras. En un tiempo, el engaño provenía de lo más alto, de los gobiernos y los poderes, hoy proviene de todas partes. Sólo algunas personas potentes o con medios públicos podían manipular, confundir las ideas, deformar la realidad, ahora casi cualquiera puede hacerlo. Del mismo modo cualquiera (idealmente) puede descubrir que lo que ha dicho es falso o no es verdad, o es una media verdad usada para hacer creer una falsedad total. Si en un tiempo el Príncipe, como decía Maquiavelo, debía “aprender a mentir”, hoy los gobernantes deberían “aprender a decir la verdad”. No es en absoluto fácil.
    –¿Existen las mentiras buenas?
    –Sostengo en mi libro que las mentiras buenas no existen. Existen más bien las mentiras “justificadas”: tengo razones para decir algo falso, por ejemplo porque no quiero ofender o dañar a alguien o porque debo defenderme de un ataque. En la mayor parte de los casos son el resultado de un dilema: ¿digo lo falso, con el riesgo de ser desenmascarada y entonces agravar la situación? ¿O digo la verdad, con la seguridad de encontrarme con un daño para mí o para los otros? La situación no es para nada buena, más bien es desafortunada. Cuando “debemos mentir”, o creemos que debemos mentir, es porque las cosas no van en absoluto bien.
    -¿Y todo es una interpretación, como diría Friedrich Nietzsche?
    -Depende de qué cosa entendamos con la famosa frase: “no existen hechos, solo interpretaciones”. Si pensamos que se trata de una tesis metafísica (como piensan ciertos posmodernos y ciertos antiposmodernos) entonces es una simple insensatez, como es bien sabido al menos de Aristóteles en adelante (y Nietzsche debía saberlo). El argumento de Aristóteles (en el libro IV de la Metafísica) es simplísimo: se cree que no existen hechos, entonces por qué no te vas a Mégara en lugar de tirarte en un pozo o en un barranco? Desde el momento que vas a Mégara, es evidente que no crees en aquel dice de creer. Pero es obvio que la frase de Nietzsche quiere decir más bien: cuando reflexionamos y discutimos sobre los hechos, esto significa que los hechos no están más y que aquello que permanece son solo versiones-interpretaciones de eso que sucedió.
    –¿Y qué ocurre con la cultura?
    –La cultura (entendiendo con esta palabra la ciencia, la religión, el arte, la literatura, la filosofía, el saber jurídico) es el conjunto de  instituciones en las que se celebra el acuerdo entre los seres humanos sobre lo verdadero y lo falso. Si estas instituciones son corruptas, entonces el acuerdo domina sobre las propias y mismas razones) esto es la idea volver pública y compartible la verdad), y se deteriora la cultura. Nosotros necesitamos tener confianza en la ciencia, las leyes, el arte, la filosofía. Si empezamos a sospechar que estas instituciones son corruptas - esto es, reguladas por lo que es falso, por el engaño- entonces no creemos más en que vivir en una cultura nos es útil, y que nos ayuda a vivir. Así no hay más lazos sociales. La política y las leyes deben garantizar la limpieza en las universidades, y en todos los lugares de la cultura, deben salvaguardar nuestro derecho a la verdad.
    –Los spin doctors (asesores y consejeros políticos) trabajan con la mentira o con la posverdad?
    –Los mentirosos raramente trabajan con lo falso, solamente trabajan con la media verdad. Toman una, la inflan, la distorsionan y la vuelven totalmente falsa. El caso Trump es un buen ejemplo: hay verdad, a veces, en aquel que dice, pero hay una verdad que viene capturada y modificada, es un modo de hacer creer lo falso. Lo mismo vale para muchos gobernantes. El lenguaje político es el reino de las medias verdades que se vuelven falsedades totales. La única regla para un nuevo lenguaje político: aprender el arte difícil de decir la verdad, evitando usar las medias verdades para sus propios propósitos.
    –¿Cómo se relaciona la corrupción con la mentira?
    –La corrupción es el acuerdo sin verdad: nos ponemos de acuerdo para volver verdadero lo falso, para falsificar datos. Corromper significa comprar un juicio de mérito (por ejemplo, una licitación), o sea, comprar la verdad. Pero la verdad no está en venta, por obvias razones. Entonces, el principio mismo de la corrupción es la mentira. El “hombre económico”, el que pone el valor del beneficio por encima de todo, tiene un enemigo fundamental: la verdad. Por eso, trata siempre de silenciarla, con la corrupción.
    –Y la religión colabora con la posverdad, ¿no?
    –La religión es una importante y complicada estructura social creada para dar un sostén a una teoría extremadamente controversial: la teoría según la cual existiría un ser superior dotado de características casi humanas y empeñado en distribuir premios y castigos en la vida terrenal y en la extraterrenal de los seres humanos. Esta teoría no puede considerarse verdadera porque no es falsificable. Entonces la incerteza de las tesis de partida siempre ha significado que la religión fuera una especie de “mentira organizada”: una tela de engaños y pseudo justificaciones. Y sirve para promover la vida espiritual de los seres humanos, volviendo más fácil el encuentro con el dolor y la muerte. Ahora, la religión, como cualquier otra institución de la cultura, ha sido abrumada por los millones de bytes informativos y sus razones han explotado. Y entonces la fragilidad de la idea se volvió la media verdad que ha sido usada para propagar mentiras increíbles y destructivas. El frágil e incierto dios del islam, por ejemplo –como en un tiempo lo fue el frágil e incierto dios de los cristianos– hoy es usado como justificación suprema para gestos destructivos para ellos mismos y para los otros.

    domingo, 3 de marzo de 2019

    Filosofia de la ciencia. JERRY FODOR (1935- 2017)

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    Jerry A. Fodor, uno de los filósofos más importantes de la mente, que utilizó el funcionamiento de la tecnología informática del siglo XX para replantear viejas preguntas sobre la estructura de la cognición humana, murió el 29 de noviembre en su casa de Manhattan, Nueva York. Tenía 82 años. La causa fue una complicación de la enfermedad de Parkinson y un derrame cerebral reciente, según su esposa, Janet Dean Fodor.


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    Veterano profesor de la facultad de filosofía de la Universidad de Rutgers, el Dr. Fodor fue ocupaba en el momento de su muerte la cátedra del filosofía del Estado de Nueva Jersey. Su trabajo, que comenzó en la década de 1960, abordó campos como la lingüística, la lógica, la semiótica, la psicología, la antropología, la informática y la inteligencia artificial, siendo ampliamente reconocido como uno de los fundadores de la nueva disciplina conocida como ciencia cognitiva.

    “Básicamente creó la especialidad de filosofía de la psicología”, puntualiza Ernie Lepore, un filósofo de Rutgers y un colaborador frecuente de Fodor, en una entrevista telefónica el pasado día 29. “Si el estudio de la mente ha sido un tema dominante en filosofía en los últimos 30 ó 40 años, se debe en buena parte a la influencia de Fodor.”

    Conocido por su estilo dinámico, a veces agresivo y sin concesiones, el Dr. Fodor fue autor de más de una docena de libros, varios de ellos de divulgación general. Uno de los más conocidos es “La modularidad de la mente ”, publicado en 1983.

    En él, argumentó que la mente humana, en lugar de ser un sistema unitario como a menudo se supone, comprende un conjunto de subsistemas innatos, compartimentados, desarrollados funcionalmente: la facultad del lenguaje, otro para la habilidad musical, otro para las matemáticas, etc.… Estas facultades, explicaba Fodor, operan por medio de algoritmos abstractos, de forma parecida a como lo hacen las computadoras.

    En el desarrollo de este modelo, el Dr. Fodor utilizó desarrollos de la revolución de mediados del siglo XX en lingüística de Noam Chomsk y de las ciencias informáticas del matemático inglés y cripto-analista Alan Turing .

    Mientras que el cerebro, una entidad física, puede ser objeto de estudio, la mente - un objeto abstracto y elusivo - es mucho más complicada, y las preguntas sobre su arquitectura han obsesionado a los filósofos periódicamente desde la antigüedad clásica.

    Platón y Aristóteles tenían mucho que decir sobre el tema. Y, más de dos milenios más tarde, también filósofos del siglo XVII como el racionalista René Descartes y el empirista John Locke.

    Este tipo de preguntas - en particular, si las capacidades cognitivas son innatas o deben ser aprendidas - volvieron a ser centrales en la primera mitad del siglo XX gracias a los psicólogos conductistas, en particular B. F. Skinner , cuyo trabajo, según el Dr. Fodor, había que criticar.

    Siendo un empírista convencido, Skinner sostuvo que un niño nace con su mente como una pizarra en blanco. A medida que madura, aprende una serie de capacidades mentales - lengua, razonamiento, resolución de problemas y muchas otras - a través de la experiencia externa.
    A finales de 1950, el Dr. Chomsky, lingüista, filósofo y racionalista ardiente del Instituto de Tecnología de Massachusetts, demostró que la lengua no era un comportamiento aprendido, como Skinner creía. En cambio, demostró que era producto de una facultad mental funcional que es innata - en la jerga actual, estructural. Los especialistas consideran que desmontó el conductismo, sobre todo por lo que se refiere al estudio del lenguaje.

    El Dr. Fodor, también un convencido racionalista, que enseñó en el MIT muchos años, amplió las ideas del Dr. Chomsky sobre el carácter innato del lenguaje para incluir otros aspectos de la mente más allá del lenguaje.

    Basándose en el trabajo de Turing, que desarrolló los primeros modelos matemáticos informáticos, el Dr. Fodor propuso un modelo de la mente que implica facultades separadas - los llamó “módulos” - que gobiernan funciones separadas.

    “La Psicología de las facultades”, escribió, “está determinada por tales diferencias prima facie como entre, por ejemplo, sensación y percepción, la volición y la cognición, el aprendizaje y el recuerdo, o el lenguaje y el pensamiento.”

    Como el Dr. Lepore señaló el pasado 29 de noviembre: “Es una idea muy antigua, pero por alguna razón se perdió en la historia de la filosofía. Y fue resucitada por Fodor”.

    La idea había caído en desgracia en parte como resultado de la frenología , una pseudociencia, popular en el siglo XIX, que buscaba analizar las capacidades de las personas, y su carácter, mediante la identificación física de determinadas áreas en la cabeza para encontrar características prominentes.

    Pero si se dejaban de lado esas prominencias craneales físicas y sus connotaciones caracteriológicas perceptibles al tacto, el Dr. Fodor argumentaba que la premisa subyacente a la frenología - que la mente consiste en facultades funcionalmente concretas - era lo suficientemente valiosa como para volver a ser investigada.

    Uno de los problemas que tal modelo parecía resolver había atormentado a los psicólogos mucho tiempo: la cuestión de por qué una parte de la mente parece poco dispuesta a hablar con otra.

    “Hay diferentes aspectos de la mente - razonamiento, lenguaje, percepción, pensamiento - y no se comunican muy bien, y eso es un poco raro” dice el Dr. Lepore.

    Consideremos, por ejemplo, una ilusión óptica familiar, en el que las líneas de igual longitud están flanqueadas por puntas de flecha internas o externas:
    Incluso contemplándolas  ahora - a pesar de saber que son una ilusión - no se puede dejar de ver las líneas como diferentes en su longitud.
    “Ese es un ejemplo de como la parte perceptiva de la mente no se comunica con la parte racional”, explica el Dr. Lepore.

    El Dr. Fodor argumentaba que solo un modelo de organización de la menta en el que las facultades están, en esencia, separadas unas de otras puede explicarlo.

    “La Psicología de las Facultades está volviendo a ser respetable después de siglos de codearse con la Frenología y otras teorías dudosas”, escribió en “La modularidad de la mente.”

    Con el tiempo el Dr. Fodor revisó su posición, argumentando que algunas de las funciones mentales, incluyendo el lenguaje y la percepción, son modulares, mientras que otras, como la creencia, la toma de decisiones y la inferencia lógica, operan de manera más amplia. Pero sus palabras de 1983 aún resuenan:
    “El inventario propuesto de las facultades psicológicas”, escribió, “es equivalente a una teoría de la estructura de la mente.”

    Jerry A. Fodor fue hijo de Andrew Fodor, un investigador bacteriólogo, y de Kay Rubens, ama de casa. Jerome Alan Fodor nació el 22 de abril de 1935 en la ciudad de Nueva York y se crió en Queens.

    Después de terminar sus estudios en el Forest Hills High School, recibió una licenciatura en filosofía de Columbia, donde estudió con el filósofo Sidney Morgenbesser . Obtuvo un doctorado en la misma especialidad de Princeton, donde fue discípulo del filósofo y matemático Hilary Putnam .

    El Dr. Fodor enseñó en el MIT desde 1959 hasta 1986. Fue profesor en el Graduate Center de la City University de Nueva York de 1986-1988, antes de unirse a la facultad de Rutgers. A lo largo de sus años en Rutgers, mantuvo su residencia en el Upper West Side de Manhattan por su proximidad a la ópera, una de sus pasiones.

    Entre sus otros libros destacan “La estructura del lenguaje” (1964), con Jerrold J. Katz; “El lenguaje del pensamiento” (1975); “Conceptos: en que se equivocó la ciencia cognitiva” (1998); y “La mente no funciona de esa manera” (2000).
    El Dr. Fodor era un colaborador habitual de The London Review of Books y el suplemento literario del Times, de Londres.

    Como gran parte de la filosofía, un campo cuya esencia es el debate, el trabajo del Dr. Fodor no estuvo exento de polémica. Ninguno de sus  libros provocó mas discusión que el provocativamente titulado “En lo que Darwin se equivocó” (2010), escrito con Massimo Piattelli-Palmarini, un científico cognitico de la Universidad de Arizona.

    En él, los autores se centraron en una de las vacas sagradas de la biología evolutiva: la selección natural. Defendieron que el proceso, con sus cambios incrementales lentos, tenía poca influencia en el desarrollo de la cognición, o, para el caso, en otras características del Homo sapiens.

    “Creemos que lo que se necesita”, escribieron, “es cortar el árbol desde la raíz: mostrar que la teoría de la selección natural de Darwin es fatalmente errónea”.

    Y añadieron, en una de las acusaciones más duras que un racionalista puede hacer: “Reivindicamos que la teoría del aprendizaje de Skinner y la teoría de la evolución de Darwin son idénticas en todo menos en el nombre.”

    El libro desató un gran revuelo entre los científicos. (Su reseña en la revista Science apareció bajo el título “Dos críticos sin idea”).
    “Fodor y Chomsky tenía un modus operandi que era 'enterrar a tus oponentes tan pronto como sea posible,” señala el Dr. Lepore. “Y cuando se enfrentó a la comunidad científica, no creo que Fodor estuviera preparado para ello. Básicamente les dijo que la selección natural era falsa. Sus argumentos son interesantes, pero no ganó muchos conversos”.

    Al final, a pesar de medio siglo de trabajo del Dr. Fodor y sus colegas, la mente permanece algo esquivo. Trató el asunto sin tapujos en “La mente no funciona de esa manera.”

    “Tenemos mucho que hacer”, escribió el Dr. Fodor. “De hecho, lo que nuestra ciencia cognitiva ha hecho hasta ahora es en su mayor parte arrojar alguna luz sobre la gran oscuridad que existe.”


    Periodista del New York Times.
    Fuente:
    https://www.nytimes.com/2017/11/30/obituaries/jerry-a-fodor-dead-philosopher-of-the-mind.html?_r=0
    Traducción:


    Enrique García

    domingo, 11 de noviembre de 2018

    Ayer, un filósofo positivista inglés

    Un capítulo de la Filosofia analítica, para poder entender Wittgenstein.
    Tanto el 'Círculo de Viena' como los filósofos postivistas se agarraban del 'Tractatus' de Ludwing Wittgenstein. 
    Alfred Ayer, filósofo británico fue uno de los que primero apoyo a Wittgenstein en su retorno a Cambride, para luego criticarlo. 
    Van una serie de artículos periodísiticos sobre le autor 'Lenguaje, verdad y lógica?

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    El filósofo británico Alfred Ayer muere en Londres

    El autor de 'Lenguaje, verdad y lógica' introdujo en el Reino Unido el positivismo lógico

    El filósofo británico Alfred Julius Ayer murió en un hospital de Londres en la madrugada del miércoles, a los 78 años, a causa de una insuficiencia respiratoria. Ayer causó un notable impacto en la filosofía británica al publicar en 1936, cuando tenía 26 años, su obra Lenguaje, verdad y lógica, manifiesto de positivismo lógico. Divulgador en su país de las teorías del Círculo de Viena, triunfó académicamente con el citado libro, y aunque toda su carrera posterior se vio oscurecida por la sombra de aquella obra precoz, destacan en su trayectoria títulos como Problemas del conocimiento y Los problemas centrales de la filosofía.

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    Sir Alfred Julius Ayer ha sido posiblemente el filósofo británico de los últimos años más conocido en el mundo. Descendiente de una familia de origen suizo, y con antecedentes entre los fundadores de la empresa Citroën, nació en Londres en 1910 y decidió estudiar filosofía, lo que en principio no parecía previsible, a juzgar por el hecho de que lo llevó a la pila bautismal un miembro de la familia Rothschild.Acudió primero a Eton y después pasó a Oxford, donde contó con Gilbert Ryle entre sus profesores. Era a principios de los años treinta, y Oxford tenía entonces una importancia menor en filosofía frente a Cambridge, donde brillaba el magisterio de Wittgenstein y Moore. Ryle era en cierto modo el puente entre ambos centros educativos, y gracias a él lee Ayer el Tractatus, traba amistad con Wittgenstein y, por fin, poco después de acabada la carrera, viaja a Viena.
    Allí estaban, o habían estado, congregados en tomo al Círculo de Viena la media docena de filósofos más importantes del pensamiento analítico de este siglo: Carnap, Neurath, también Wittgenstein y Popper, aunque éstos no pertenecieron realmente al Círculo, el norteamericano Quine, y el propio Ayer, que poco después publicaría su libro Lenguaje, verdad y lógica, texto que llevó hasta Gran Bretaña la filosofía analítica.
    En una entrevista concedida a este periódico el pasado mayo, con motivo de una conferencia que pronunció en el Institut d'Humanitats de Barcelona, Ayer no incluía este libro entre sus obras "más originales". "Sí reconozco su importancia histórica", dijo, "pero creo que mis textos más importantes son otros".

    Seudoproposiciones

    En Lenguaje, verdad y lógica, Ayer defendió las tesis del positivismo lógico: la doctrina estricta de la verificación, la separación completa entre enunciados lógicos y enunciados empíricos, la imposibilidad de la metafísica, por constituir un conjunto de seudoproposiciones, es decir, de enunciados que no pueden ser ni verificados empíricamente ni incluidos dentro del cálculo lógico, y, finalmente, la necesidad de reducir la filosofía al análisis. En la segunda edición de la obra, el autor sometió a algunas de las citadas tesis a revisión.La filosofía del Circulo, o positivismo lógico, que él importó a Inglaterra, representó para muchos un ataque contra la religión y la ética, una exaltación de la ciencia sobre otro tipo de conocimiento quizá sublime, pero en la misma medida que sublime, oscuro. El positivismo lógico pretendía asumir el fenómeno de las ciencias modernas, reaccionando contra lo que no fueran las matemáticas y la lógica, por un lado, y las ciencias experimentales, por el otro.
    Desde hace unos años, Ayer había expresado sus dudas sobre la validez de su primera obra en particular y sobre algunas de las proposiciones de la filosofía analítica en general. Haciendo referencia a una entrevista para la BBC, Ayer recordaba lo siguiente: "Me preguntaron qué errores había en el libro, y yo, para sorprender, dije que todo él era falso. No es exacto, pero sí creo que hay muchos detalles erróneos en la obra, aunque el enfoque general tenga sentido".
    En 1933, Alfred Ayer retomó a Oxford. En 1946 fue nombrado catedrático de la universidad de Londres, y en 1959 catedrático de lógica de la universidad de Oxford. Era miembro de la Academia Británica y miembro honorario de la Academia de Artes y Ciencias norteamericana. Entre sus obras traducidas al castellano destacan, además de Lenguaje, verdad y lógica, (1936), El problema del conocimiento (1956); El concepto de persona, (1963); Bertrand Russell,(1972), y Las cuestiones centrales de la filosofía, (1974). Su biografía publicada en 1982 en España se tituló Parte de mi vida.

    Vejez y nuevas ideas

    En los últimos años de su vida, Alfred Ayer publicó biografías sobre Voltaire, Wittgenstein, Hume o Thomas Payne. "El motivo", señaló en la entrevista citada, "es que me he ido haciendo viejo, y ya no tengo nuevas ideas. Hacer biografías es más fácil y creo que no soy mal biógrafo". Ayer se confesaba apasionado de Voltaire y de la Ilustración, y aseguraba que "no necesitamos principios éticos porque los del viejo liberalismo siguen siendo bastante buenos. Lo que nos hace falta es una ética prática y no teorética". "La filosofía", decía en otro momento, "no es un competidor de la ciencia", y veía el futuro de la filosofía en una actividad interdisciplinar, en la elaboración de una teoría del conocimiento en la que colaboren psicólogos y semánticos, lingüistas y otros especialistas. En los últimos meses, Ayer preparaba una obra de ensayo -"Ensayos populares", decía parodiando los Ensayos impopulares de Russell- y encontró tiempo para responder a un amplio cuestionario remitido por una editorial estadounidense que prepara libros dedicados a los filósofos más importantes de este siglo, entre los que ha sido incluido.
    * Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de junio de 1989
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